TerranoII
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Nissan Navara - Isuzu Rodeo - Mitsubishi L200
La llegada al mercado del nuevo Nissan Navara ha provocado una pequeña revolución en un subsegmento que poco a poco languidecía, probablemente por haber alcanzado en los últimos tiempos un cierto grado de saturación. En esta ocasión vamos a enfrentar al modelo de Nissan con otro recién llegado a nuestro mercado, el homogéneo Rodeo de Isuzu, y por último con todo un veterano, el Mitsubishi L-200, aunque en este caso se trata de la serie limitada Dakar, que cuenta con un notable aumento de potencia.
Más grande, más potente, más confortable y mucho más atractivo, el nuevo pickup de Nissan va a suponer para el segmento un revulsivo que probablemente marque el camino a seguir por el resto de sus oponentes. Fabricado en Barcelona y utilizando muchos componentes -incluido el propulsor- del Pathfinder, el nuevo Navara cuenta con muchos argumentos para convertirse en la estrella del segmento. Pero vayamos por partes.
En un principio, y a simple vista, observamos que el Navara es notablemente más grande que sus oponentes en casi todas las cotas: casi 20 cm más largo, cerca de 10 más ancho, y con una distancia entre ejes que alcanza los 3,2 m, frente a cifras en torno a los tres metros para sus rivales. Con este tamaño el aspecto del Navara es realmente imponente y recuerda en buena medida a los grandes pickup´s del otro lado del Atlántico. La línea de la nueva generación del Isuzu Rodeo, comercializado en nuestro país desde hace sólo unos meses -y por cierto, de la mano de un nuevo y experimentado importador que a buen seguro revitalizará la marca- también cuenta con rasgos bastante originales, especialmente en la resolución del frontal, pero es mucho más convencional que la imagen del Navara, mientras que sobre el L-200 poco se puede añadir, ya que permanece invariada desde el último y ligero restilyng que afectó fundamentalmente a los faros y la parrilla, y en breve va a llegar el modelo renovado. Tan sólo fijándose mucho, observaremos unos pequeños logos con la leyenda “Dakar” situados en las puertas que nos indicarán que nos encontramos ante la versión potenciada.
En cuanto al interior, el Navara también comparte prácticamente el habitáculo del Pathfinder -salvo pequeñas diferencias según los equipamientos de las distintas versiones- , por lo que nos encontramos ante un salpicadero de diseño moderno y en el que la ergonomía se ha estudiado a fondo, consiguiendo que todos los mandos y conmutadores se encuentren en un lugar apropiado. Cuenta, además, con materiales de buena calidad y con un correcto ensamblaje. Los asientos son también los mismos del Pathfinder, con un tejido bastante resistente, aunque se les puede achacar falta de sujeción lateral. En el Isuzu el salpicadero, sin ser ningún prodigio de diseño, hace gala de un buen ajuste y de materiales con aspecto resistente, una percepción que se repetirá una vez en marcha. Mientras tanto en el L-200 encontramos el ya conocido salpicadero del modelo, con un acabado correcto y en el que lo más original es la cúpula central típica de la firma con algunos relojes accesorios. Pero en el habitáculo si hay algo que diferencia claramente a estos tres pickup es la habitabilidad de las plazas traseras, uno de los tradicionales puntos flacos de este tipo de modelos, ya que habitualmente son demasiado pequeñas, incluso en estas versiones de cabina doble, para que personas adultas viajen con comodidad. Pues bien, el nuevo Navara llega dispuesto a terminar con este hándicap, ya que por fin, y gracias a su aumento general de cotas, las plazas traseras cuentan con la suficiente amplitud para albergar dignamente a personas adultas.
Y por último en lo referente al habitáculo, cabe mencionar en este caso el tamaño de las cajas de carga, aspecto en el que de nuevo el Navara se sitúa por delante de sus oponentes gracias, otra vez, a su mayor tamaño, que le permite presumir de la caja más larga y ancha entre todos los pickup de doble cabina del mercado. Para la estiba de la carga cuenta con un novedoso sistema denominado “C-channel”, muy práctico -gracias a su movilidad- para situar los anclajes en el lugar más adecuado dependiendo de la carga que se transporte, aunque eso sí, las abrazaderas móviles y desmontables que forman el sistema están demasiado expuestas a los amigos de lo ajeno. La unidad probada del Isuzu rodeo contaba con algunos accesorios, uno de ellos especialmente útil y recomendable para todo propietario de pickup: el recubrimiento de la caja en material plástico, fácilmente lavable y que evita que los interiores de la caja se rayen y deterioren, algo que sucede con excesiva facilidad en las cajas desnudas. También contaba con un baúl o arcón con llave de la firma “Carriboy”, muy práctico para llevar equipaje o herramientas, aunque lógicamente ocupa bastante sitio en la caja.
En lo referente a la técnica empleada en estos tres pick up, todos ellos responden al esquema tradicional de este tipo de vehículos, que a grandes rasgos podría resumirse en: chasis de largueros y travesaños con la carrocería atornillada, tracción habitualmente trasera, con la delantera conectable a voluntad, pero en los tres vehículos sin diferencial central, lo que les imposibilita el hecho de circular por asfalto en 4x4 -con las potencias que están alcanzando ya estos modelos quizás vaya siendo hora de que los fabricantes mejorasen este aspecto-.
Todos ellos incorporan, además, reductora y cambios manuales, aunque el Isuzu y el Nissan pueden contar de forma opcional con cambio automático, y en el Nissan el cambio manual es de seis velocidades y no de cinco. La suspensión es similar en los tres modelos, con esquemas independientes delante y ejes rígidos con ballestas en el tren trasero.
Por otra parte en los motores también encontramos muchas similitudes. En principio los tres montan propulsores tetracilíndricos, aunque como veremos alcanzan sus respectivas cifras de potencia de formas diferentes. En cabeza se sitúa como el más potente de nuevo el Nissan, que a pesar de sus 2,5 litros de cilindrada, gracias a la inyección directa, al turbo de geometría variable, al common rail y a su gestión electrónica, alcanza los 174 CV, una cifra respetable para un motor de esta cilindrada. También con 2,5 litros, el Mitsubishi es el único de los tres que cuya inyección es todavía indirecta, pero gracias a unos retoques en la gestión electrónica que aumentan la presión de soplado del turbo y modifican la curva de avance de la bomba inyectora, esta versión de la serie especial eleva su potencia hasta los 131 CV, desde los 115 CV de la versión normal, aumentando también el par motor de 240 Nm a 270 Nm. Por último, el motor del Isuzu se distancia claramente de sus oponentes en esta ocasión, recurriendo a distintas recetas. Aunque se trata del menos potente de los tres, su cilindrada es superior, alcanzando los 3.000 cc. Este propulsor de Isuzu es un auténtico alma de camión -de hecho se instala en los pequeños camiones de la firma- con muy buenos bajos y un consumo bastante razonable, y además está muy poco apretado, ya que en los Trooper alcanza los 160 CV, lo que probablemente redunde en su fiabilidad a largo plazo.
Con estas cifras de potencia el Navara anda y mucho. De hecho alcanza una velocidad máxima superior a los 170 km/h, y es capaz de acelerar de 0 a 100 en prácticamente 10 segundos. El Mitsubishi ha agradecido el aumento de potencia, y si bien la velocidad máxima apenas mejora, sí que araña un par de segundos de ventaja en la aceleración de 0 a 100. El Isuzu en cambio tiene mayor velocidad máxima que el L-200, pero es el más lento de los tres en aceleración, aunque, como decimos, el carácter de su propulsor invita más a aprovechar los bajos y circular en marchas largas obteniendo buenos consumos que a apurarlas.
Debido a sus esquemas de suspensión el comportamiento no genera ninguna sorpresa, aunque el Navara tiene la virtud de hacernos olvidar que circulamos en un pickup, pareciendo más bien un SUV de última generación, ya que a pesar de las ballestas traseras sus reacciones están notablemente minimizadas, y es el más confortable de los tres. El problema puede ser ése, que nos olvidemos de que circulamos en un pickup con una capacidad de tracción que cuando circula sin carga y especialmente en terrenos mojados es bastante limitada, y que corramos el riesgo de tener algún susto en forma de derrapaje indeseado de la parte trasera. En el Isuzu, en cambio, destaca la solidez y la homogeneidad del conjunto, con un tacto muy preciso del cambio, y una respuesta del motor que invita a realizar kilómetros. El Mitsubishi, en cambio, está a nuestro entender un poco sobrado de calzado, e iría mejor con unos neumáticos más estrechos que los 270 que monta esta versión.
La ciudad no es el terreno más apropiado para este tipo de vehículos, difíciles de aparcar y con un radio de giro muy elevado que penalizan su maniobrabilidad. En cambio, fuera del asfalto se encuentran en su hábitat en todo tipo de pistas, aunque se deba sufrir el desacuerdo de la suspensión entre ambos ejes, menos acusado como decíamos en el Navara. Cuando las cosas se complican todos cuentan con reductoras de desarrollos lo suficientemente cortos para cumplir eficazmente con su tarea, pero en estos casos nos encontraremos con el hándicap de sus elevados tamaños, de su suspensión delantera independiente, de los neumáticos puramente de asfalto, y de unos ángulos más bien discretos que en el caso del Navara se ven además penalizados por el voluminoso paragolpes trasero y por unas poco útiles y molestas estriberas.
En resumen, el Navara supone un cualitativo salto adelante en este tipo de vehículos debido a su capacidad, su calidad de marcha y sus prestaciones, aunque también es notablemente más caro que sus rivales. El Isuzu, por otra parte, es un valor seguro, un vehículo sólido y pensado para durar, mientras que el L-200 ha agradecido el aumento de potencia en esta versión especial Dakar, y además es el más barato de los tres, ofreciendo una buena relación calidad/precio, aunque no puede negarse que se encuentra al final de su carrera comercial, y en diciembre de este mismo año se presentará su sustituto, lo que a buen seguro animará aún más un segmento que parece que de nuevo cobra todo su protagonismo.
EQUIPAMIENTOS:
NISSAN NAVARA 2.5 Di 4x4 Doble Cabina• Serie: ABS, airbag de conductor y acompañante, barras de protección lateral, climatizador bizona, sistema c-channel, dirección asistida, retrovisores y elevalunas eléctricos, cierre centralizado con mando a distancia, radio con cargador de 6 CD´s, control de audio y cruise control en el volante, ordenador de viaje, pomo del cambio y volante en piel, estribos laterales, llantas de aleación de 16´´, diferencial trasero de deslizamiento limitado.
• Opcional: Pintura metalizada: 300 ¤, bloqueo 100 % del diferencial trasero: 650 ¤, cambio automático: 1.450 ¤ (con cambio automático se puede adquirir por 4.700 ¤ un pack que incluye navegador DVD, sistema de audio premium, sistema bluetooth con mando de teléfono en el volante, airbag laterales y de cortina, techo solar eléctrico y tapicería de cuero con reglajes eléctricos en asientos delanteros)
ISUZU RODEO 3.0 MTX 4x4 Doble Cabina• Serie: Dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, retrovisores eléctricos, doble airbag, ABS con EBD, climatizador y llantas de aleación.
• Opcional: La unidad probada contaba con: protección plástica de la caja, barras antivuelco cromadas, defensa delantera, y arcón “Carriboy”.
MITSUBISHI L-200 DAKAR 4x4 Doble Cabina• Serie: Dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, airbag delanteros, ABS radio CD con lector MP3, llantas de aleación.
• Opcional: Pintura metalizada / perlada: 330 euros. Pintura en dos tonos: 395 euros (incluye cargo de pintura metalizada / perlada).
VALORACIÓN
NISSAN NAVARA 2.5 Di 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Capacidad y habitabilidad, calidad de marcha, prestaciones.
A mejorar: Precio, paragolpes trasero voluminoso y estriberas que penalizan la superación de obstáculos en conducción tt, ausencia de dif. central
ISUZU RODEO 3.0 MTX 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Homogeneidad del conjunto, precisión en el cambio, respuesta del motor.
A mejorar: Lentitud en la respuesta del motor, interior convencional, ausencia de diferencial central.
MITSUBISHI L-200 DAKAR 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Aumento de potencia, mejora en la aceleración , relación calidad-precio.
A mejorar: Neumáticos demasiado anchos, inyección todavía indirecta, ausencia de diferencial central.

La llegada al mercado del nuevo Nissan Navara ha provocado una pequeña revolución en un subsegmento que poco a poco languidecía, probablemente por haber alcanzado en los últimos tiempos un cierto grado de saturación. En esta ocasión vamos a enfrentar al modelo de Nissan con otro recién llegado a nuestro mercado, el homogéneo Rodeo de Isuzu, y por último con todo un veterano, el Mitsubishi L-200, aunque en este caso se trata de la serie limitada Dakar, que cuenta con un notable aumento de potencia.
Más grande, más potente, más confortable y mucho más atractivo, el nuevo pickup de Nissan va a suponer para el segmento un revulsivo que probablemente marque el camino a seguir por el resto de sus oponentes. Fabricado en Barcelona y utilizando muchos componentes -incluido el propulsor- del Pathfinder, el nuevo Navara cuenta con muchos argumentos para convertirse en la estrella del segmento. Pero vayamos por partes.
En un principio, y a simple vista, observamos que el Navara es notablemente más grande que sus oponentes en casi todas las cotas: casi 20 cm más largo, cerca de 10 más ancho, y con una distancia entre ejes que alcanza los 3,2 m, frente a cifras en torno a los tres metros para sus rivales. Con este tamaño el aspecto del Navara es realmente imponente y recuerda en buena medida a los grandes pickup´s del otro lado del Atlántico. La línea de la nueva generación del Isuzu Rodeo, comercializado en nuestro país desde hace sólo unos meses -y por cierto, de la mano de un nuevo y experimentado importador que a buen seguro revitalizará la marca- también cuenta con rasgos bastante originales, especialmente en la resolución del frontal, pero es mucho más convencional que la imagen del Navara, mientras que sobre el L-200 poco se puede añadir, ya que permanece invariada desde el último y ligero restilyng que afectó fundamentalmente a los faros y la parrilla, y en breve va a llegar el modelo renovado. Tan sólo fijándose mucho, observaremos unos pequeños logos con la leyenda “Dakar” situados en las puertas que nos indicarán que nos encontramos ante la versión potenciada.
En cuanto al interior, el Navara también comparte prácticamente el habitáculo del Pathfinder -salvo pequeñas diferencias según los equipamientos de las distintas versiones- , por lo que nos encontramos ante un salpicadero de diseño moderno y en el que la ergonomía se ha estudiado a fondo, consiguiendo que todos los mandos y conmutadores se encuentren en un lugar apropiado. Cuenta, además, con materiales de buena calidad y con un correcto ensamblaje. Los asientos son también los mismos del Pathfinder, con un tejido bastante resistente, aunque se les puede achacar falta de sujeción lateral. En el Isuzu el salpicadero, sin ser ningún prodigio de diseño, hace gala de un buen ajuste y de materiales con aspecto resistente, una percepción que se repetirá una vez en marcha. Mientras tanto en el L-200 encontramos el ya conocido salpicadero del modelo, con un acabado correcto y en el que lo más original es la cúpula central típica de la firma con algunos relojes accesorios. Pero en el habitáculo si hay algo que diferencia claramente a estos tres pickup es la habitabilidad de las plazas traseras, uno de los tradicionales puntos flacos de este tipo de modelos, ya que habitualmente son demasiado pequeñas, incluso en estas versiones de cabina doble, para que personas adultas viajen con comodidad. Pues bien, el nuevo Navara llega dispuesto a terminar con este hándicap, ya que por fin, y gracias a su aumento general de cotas, las plazas traseras cuentan con la suficiente amplitud para albergar dignamente a personas adultas.
Y por último en lo referente al habitáculo, cabe mencionar en este caso el tamaño de las cajas de carga, aspecto en el que de nuevo el Navara se sitúa por delante de sus oponentes gracias, otra vez, a su mayor tamaño, que le permite presumir de la caja más larga y ancha entre todos los pickup de doble cabina del mercado. Para la estiba de la carga cuenta con un novedoso sistema denominado “C-channel”, muy práctico -gracias a su movilidad- para situar los anclajes en el lugar más adecuado dependiendo de la carga que se transporte, aunque eso sí, las abrazaderas móviles y desmontables que forman el sistema están demasiado expuestas a los amigos de lo ajeno. La unidad probada del Isuzu rodeo contaba con algunos accesorios, uno de ellos especialmente útil y recomendable para todo propietario de pickup: el recubrimiento de la caja en material plástico, fácilmente lavable y que evita que los interiores de la caja se rayen y deterioren, algo que sucede con excesiva facilidad en las cajas desnudas. También contaba con un baúl o arcón con llave de la firma “Carriboy”, muy práctico para llevar equipaje o herramientas, aunque lógicamente ocupa bastante sitio en la caja.
En lo referente a la técnica empleada en estos tres pick up, todos ellos responden al esquema tradicional de este tipo de vehículos, que a grandes rasgos podría resumirse en: chasis de largueros y travesaños con la carrocería atornillada, tracción habitualmente trasera, con la delantera conectable a voluntad, pero en los tres vehículos sin diferencial central, lo que les imposibilita el hecho de circular por asfalto en 4x4 -con las potencias que están alcanzando ya estos modelos quizás vaya siendo hora de que los fabricantes mejorasen este aspecto-.
Todos ellos incorporan, además, reductora y cambios manuales, aunque el Isuzu y el Nissan pueden contar de forma opcional con cambio automático, y en el Nissan el cambio manual es de seis velocidades y no de cinco. La suspensión es similar en los tres modelos, con esquemas independientes delante y ejes rígidos con ballestas en el tren trasero.
Por otra parte en los motores también encontramos muchas similitudes. En principio los tres montan propulsores tetracilíndricos, aunque como veremos alcanzan sus respectivas cifras de potencia de formas diferentes. En cabeza se sitúa como el más potente de nuevo el Nissan, que a pesar de sus 2,5 litros de cilindrada, gracias a la inyección directa, al turbo de geometría variable, al common rail y a su gestión electrónica, alcanza los 174 CV, una cifra respetable para un motor de esta cilindrada. También con 2,5 litros, el Mitsubishi es el único de los tres que cuya inyección es todavía indirecta, pero gracias a unos retoques en la gestión electrónica que aumentan la presión de soplado del turbo y modifican la curva de avance de la bomba inyectora, esta versión de la serie especial eleva su potencia hasta los 131 CV, desde los 115 CV de la versión normal, aumentando también el par motor de 240 Nm a 270 Nm. Por último, el motor del Isuzu se distancia claramente de sus oponentes en esta ocasión, recurriendo a distintas recetas. Aunque se trata del menos potente de los tres, su cilindrada es superior, alcanzando los 3.000 cc. Este propulsor de Isuzu es un auténtico alma de camión -de hecho se instala en los pequeños camiones de la firma- con muy buenos bajos y un consumo bastante razonable, y además está muy poco apretado, ya que en los Trooper alcanza los 160 CV, lo que probablemente redunde en su fiabilidad a largo plazo.
Con estas cifras de potencia el Navara anda y mucho. De hecho alcanza una velocidad máxima superior a los 170 km/h, y es capaz de acelerar de 0 a 100 en prácticamente 10 segundos. El Mitsubishi ha agradecido el aumento de potencia, y si bien la velocidad máxima apenas mejora, sí que araña un par de segundos de ventaja en la aceleración de 0 a 100. El Isuzu en cambio tiene mayor velocidad máxima que el L-200, pero es el más lento de los tres en aceleración, aunque, como decimos, el carácter de su propulsor invita más a aprovechar los bajos y circular en marchas largas obteniendo buenos consumos que a apurarlas.
Debido a sus esquemas de suspensión el comportamiento no genera ninguna sorpresa, aunque el Navara tiene la virtud de hacernos olvidar que circulamos en un pickup, pareciendo más bien un SUV de última generación, ya que a pesar de las ballestas traseras sus reacciones están notablemente minimizadas, y es el más confortable de los tres. El problema puede ser ése, que nos olvidemos de que circulamos en un pickup con una capacidad de tracción que cuando circula sin carga y especialmente en terrenos mojados es bastante limitada, y que corramos el riesgo de tener algún susto en forma de derrapaje indeseado de la parte trasera. En el Isuzu, en cambio, destaca la solidez y la homogeneidad del conjunto, con un tacto muy preciso del cambio, y una respuesta del motor que invita a realizar kilómetros. El Mitsubishi, en cambio, está a nuestro entender un poco sobrado de calzado, e iría mejor con unos neumáticos más estrechos que los 270 que monta esta versión.
La ciudad no es el terreno más apropiado para este tipo de vehículos, difíciles de aparcar y con un radio de giro muy elevado que penalizan su maniobrabilidad. En cambio, fuera del asfalto se encuentran en su hábitat en todo tipo de pistas, aunque se deba sufrir el desacuerdo de la suspensión entre ambos ejes, menos acusado como decíamos en el Navara. Cuando las cosas se complican todos cuentan con reductoras de desarrollos lo suficientemente cortos para cumplir eficazmente con su tarea, pero en estos casos nos encontraremos con el hándicap de sus elevados tamaños, de su suspensión delantera independiente, de los neumáticos puramente de asfalto, y de unos ángulos más bien discretos que en el caso del Navara se ven además penalizados por el voluminoso paragolpes trasero y por unas poco útiles y molestas estriberas.
En resumen, el Navara supone un cualitativo salto adelante en este tipo de vehículos debido a su capacidad, su calidad de marcha y sus prestaciones, aunque también es notablemente más caro que sus rivales. El Isuzu, por otra parte, es un valor seguro, un vehículo sólido y pensado para durar, mientras que el L-200 ha agradecido el aumento de potencia en esta versión especial Dakar, y además es el más barato de los tres, ofreciendo una buena relación calidad/precio, aunque no puede negarse que se encuentra al final de su carrera comercial, y en diciembre de este mismo año se presentará su sustituto, lo que a buen seguro animará aún más un segmento que parece que de nuevo cobra todo su protagonismo.
EQUIPAMIENTOS:
NISSAN NAVARA 2.5 Di 4x4 Doble Cabina• Serie: ABS, airbag de conductor y acompañante, barras de protección lateral, climatizador bizona, sistema c-channel, dirección asistida, retrovisores y elevalunas eléctricos, cierre centralizado con mando a distancia, radio con cargador de 6 CD´s, control de audio y cruise control en el volante, ordenador de viaje, pomo del cambio y volante en piel, estribos laterales, llantas de aleación de 16´´, diferencial trasero de deslizamiento limitado.
• Opcional: Pintura metalizada: 300 ¤, bloqueo 100 % del diferencial trasero: 650 ¤, cambio automático: 1.450 ¤ (con cambio automático se puede adquirir por 4.700 ¤ un pack que incluye navegador DVD, sistema de audio premium, sistema bluetooth con mando de teléfono en el volante, airbag laterales y de cortina, techo solar eléctrico y tapicería de cuero con reglajes eléctricos en asientos delanteros)
ISUZU RODEO 3.0 MTX 4x4 Doble Cabina• Serie: Dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, retrovisores eléctricos, doble airbag, ABS con EBD, climatizador y llantas de aleación.
• Opcional: La unidad probada contaba con: protección plástica de la caja, barras antivuelco cromadas, defensa delantera, y arcón “Carriboy”.
MITSUBISHI L-200 DAKAR 4x4 Doble Cabina• Serie: Dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, airbag delanteros, ABS radio CD con lector MP3, llantas de aleación.
• Opcional: Pintura metalizada / perlada: 330 euros. Pintura en dos tonos: 395 euros (incluye cargo de pintura metalizada / perlada).
VALORACIÓN
NISSAN NAVARA 2.5 Di 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Capacidad y habitabilidad, calidad de marcha, prestaciones.
A mejorar: Precio, paragolpes trasero voluminoso y estriberas que penalizan la superación de obstáculos en conducción tt, ausencia de dif. central
ISUZU RODEO 3.0 MTX 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Homogeneidad del conjunto, precisión en el cambio, respuesta del motor.
A mejorar: Lentitud en la respuesta del motor, interior convencional, ausencia de diferencial central.
MITSUBISHI L-200 DAKAR 4x4 Doble Cabina:
Destacable: Aumento de potencia, mejora en la aceleración , relación calidad-precio.
A mejorar: Neumáticos demasiado anchos, inyección todavía indirecta, ausencia de diferencial central.





































































